PODRA KICILLOF ROMPER EL HECHIZO?
Por Gustavo Varela
Aún cuando su candidatura presidencial para 2027 no esté asegurada,
el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires cuenta con buenas posibili-
dades de lograrla: Fuera de la propia CFK no aparece en el firmamento opo-
sitor a Milei una figura con caudal político suficiente para rivalizar con él.
Si bien su gestión al frente del mayor distrito electoral del país ha
sido mediocre, la sola circunstancia de conducir un aparato gubernamental
de enorme envergadura le permite alentar esperanzas de destronar a Javier
Milei, algo nada improbable en un país acostumbrado a votar mucho más en
contra de que a favor de; si el malhumor social contra el actual jefe de
estado es suficientemente grande al momento de concurrir a las urnas, bien
podría ocurrir que Kicillof desembarcara en la Casa Rosada en menos de año
y medio.
Claro que para ello deberá sortear varios escollos. El primero, el en-
cono de la ex-Presidenta hacia él por lo que ella interpreta como una grave
muestra de ingratitud por haberlo criado hasta convertirlo en un líder con
peso político propio y de haberle obsequiado la gobernación bonaerense a
alguien que hasta que esa iniciativa poco y nada conocía del conurbano. En
alguna oportunidad se le espetó, en tono de broma, cómo se sentía ante la
posibilidad de gobernar un territorio que conocía mucho menos que Punta
del Este.
Si finalmente Kicillof firmara la paz con los Kirchner, algo que
aparece como altamente probable, le quedará el desafío de quebrar la mítica
Maldición de Alsina. Ésta consiste en la circunstancia de que nunca un
gobernador bonaerense accedió a la primera magistratura nacional por medio
del voto popular.
Se denomina así porque la primera víctima del hechizo fue Adolfo
Alsina, que a fines de 1877 falleció imprevistamente, cuando –como
ex–vicepresidente de Sarmiento entre 1868 y 1874 y ex–gobernador de
Buenos Aires, entre 1866 y 1868– se aprestaba a candidatearse para la
presidencia de la nación en 1880.
Luego de Alsina hubo varios referentes políticos que después de ser
gobernadores de Buenos Aires aspiraron a convertirse en la máxima autori-
dad del Estado, pero todos ellos chocaron con obstáculos insalvables, por
diferentes circunstancias. Entre ellos se puede citar al fundador de La Plata,
Dardo Rocha (boicoteado por Julio Argentino Roca), a los conservadores
Rodolfo Moreno y Manuel Fresco, al radical Oscar Alende (devenido luego
en hombre de izquierda y, finalmente, en menemista), a Antonio Cafiero y,
el más reciente, Daniel Scioli, entre varios más.
El embrujo también alcanzó a Eduardo Duhalde en su derrota en la
elección presidencial de 1999, aunque se reivindicó parcialmente cuando fue
designado Presidente por el Congreso de la Nación, en medio de la crisis
económica e institucional de 2001/2002.
Existe algo así como una “maldición”, como la denomina Rosendo
Fraga en la excelente La Maldición Bonaerense, o es más bien un comporta-
miento electoral comprensible y, en cierta forma, previsible?
Creemos, junto con historiadores de prestigio, que esa gambeta de
las provincias a los gobernadores bonaerenses no es casual.
Adviértase que paralelamente, el país entero no tuvo reparos para
entronizar en la presidencia a dos ex-jefes de gobierno de la Ciudad Autóno-
ma de Buenos Aires, como Fernando De la Rúa y Mauricio Macri, lo que
lleva a descartar el sentimiento anti-porteño que existe en buena parte del
país como explicación del fenómeno.
Pensamos que la razón del rechazo a una candidatura bonaerense es
perfectamente comprensible: el temor que genera la posibilidad de que la
provincia más grande y con mayor número de necesidades insatisfechas se
convierta en una auténtica Aspiradora de recursos federales, desplazando a
un segúndo plano a las demandas provinciales.
El panorama de la candidatura de Axel Kicillof se complica aún más
si se tiene presente que se trata de un político con un fuerte sesgo de
izquierda anti-empresarial (“Odio la expresión “clima de negocios””, supo
sentenciar en una oportunidad), alejado de rostros más amigables para el
electorado independiente como fueron en su tiempo Daniel Scioli, Alberto
Fernández o Sergio Massa; incluso podríamos remontarnos a Ítalo Luder en
los albores de la renaciente democracia argentina, allá por 1983.
Podrá Kicillof quebrar esa racha de gobernadores frustrados? En
poco más de un año lo sabremos.




